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Del rescate a la recuperación

Del Rescate a la Recuperación

María Fátima Pinho-De Oliveira

Investigadora asociada a la Unidad de Políticas Públicas de la Universidad Simón Bolívar.

Instagram: @Dramariap

LinkedIn:  Maria Fátima Pinho

X: @mafatimapinho

Foto:Getty Images

De la solidaridad internacional a una política de gestión de riesgos

Tras el doble terremoto que azotó al país, la comunidad internacional no dudó en brindar su apoyo y auxilio.

La solidaridad internacional ha sido un pilar fundamental para las naciones en tiempos de crisis. Por ello, la ONU ha instado a los países a transformar esa solidaridad en ayuda sostenida.

La ONU, en conjunto con el Estado venezolano, ha establecido el Plan de Respuesta Humanitaria 2026, estructurado en fases. La primera se centró en la búsqueda y rescate. La segunda, en la que nos encontramos, se aboca a la atención de las personas que perdieron sus hogares, su protección —salud y apoyo emocional—, la restauración de servicios básicos y el inicio de la fase de recuperación.

El llamado es a que la solidaridad no llegue solo a la fase de búsqueda y rescate, sino que se mantenga durante las fases de asistencia humanitaria, recuperación, reconstrucción y desarrollo (ONU, 8 de julio de 2026).

«La solidaridad no debe terminar cuando termina la búsqueda y el rescate.»


Una respuesta internacional ante una emergencia de gran magnitud

A pesar del enorme esfuerzo del país por atender a los afectados, la magnitud de la catástrofe sobrepasó los puntos críticos, presentando múltiples obstáculos para la atención de la emergencia.

Al llegar el apoyo internacional de los equipos de rescate, estos se enfrentaron a una de las primeras labores críticas: la búsqueda de sobrevivientes entre las edificaciones colapsadas.

Se estima que alrededor de 17 países enviaron más de 25 equipos especializados a Venezuela, enfocados principalmente en la búsqueda de sobrevivientes y la atención médica de emergencia.

Entre las principales respuestas internacionales destacan:

  • Estados Unidos: envió equipos especializados de búsqueda y rescate (USAR), recursos médicos y suministros humanitarios de emergencia, centrados en facilitar traslados rápidos y equipos de ayuda humanitaria.
  • México: desplegó un grupo de aproximadamente 473 rescatistas especializados en labores de búsqueda en edificaciones colapsadas, conocidos como “Los Topos”, acompañados de nueve caninos adiestrados.
  • República Dominicana, Chile y Colombia: desplegaron unidades élite de rescate urbano, como el equipo USAR COL-1 de Colombia y las Fuerzas Armadas de República Dominicana, con rescatistas y toneladas de carga con equipos, medicamentos e insumos de primera necesidad.
  • El Salvador: envió rescatistas en terreno, paramédicos y suministros de primera necesidad, incluidos insumos médicos.
  • Brasil: envió bomberos expertos, rescatistas con canes y toneladas de equipamiento técnico desde estados como Paraná y Minas Gerais.
  • Argentina y Guyana: a pesar de las diferencias, ofrecieron ayuda y expresaron su solidaridad.
  • Ecuador: envió ayuda humanitaria para atender la emergencia.

Pero la ayuda no llegó únicamente desde países de la región. La respuesta traspasó continentes: España, Países Bajos, Suiza, Francia, Italia, Portugal y Alemania, entre otras naciones, integraron los grupos de respuesta médica y rescate.

También se sumaron países como Catar, Reino Unido, República Checa y Jordania a los esfuerzos de respuesta. Otros países, incluidos Uruguay, Rusia, China e India, expresaron su solidaridad y destacaron su disposición de ayudar.

A este apoyo se sumaron organismos internacionales como la Cruz Roja, la ONU, ACNUR, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, entre otros.

«La respuesta ante un desastre demuestra que la solidaridad puede convertirse en acción.»


De la emergencia a la recuperación

La atención inmediata a la emergencia concluye durante el primer mes. Ahora, el foco debe estar en la recuperación y la reconstrucción.

Pero es imperativo ir más allá y reflexionar sobre cómo crear o fortalecer cuerpos de rescate, como Protección Civil, para afrontar este tipo de eventos y otros riesgos naturales.

Esto implica diseñar políticas de emergencia enfocadas en la coordinación de los cuerpos de seguridad, bomberos y otros organismos involucrados, así como en la inversión en equipos y en el desarrollo del capital intelectual de los funcionarios, rescatistas y expertos que integran los equipos de respuesta de los organismos de protección.

La coordinación es la clave en las emergencias. Permite direccionar esfuerzos y apoyo, evitar que se solapen labores entre organismos y traducir los recursos disponibles en respuestas más eficientes y efectivas.

La solidaridad, sin duda, es un pilar que refleja la fortaleza entre las naciones. Pero una vez superada la emergencia inmediata, el desafío consiste en transformar esa solidaridad en capacidades permanentes de prevención, preparación y respuesta.


El verdadero desafío: construir resiliencia

Ahora, el desafío para la comunidad es mantener la resiliencia para afrontar la recuperación, la reconstrucción de sus hogares y el restablecimiento de sus rutinas.

Sin embargo, el verdadero desafío es construir un sistema de gestión de riesgos robusto. Para ello se requieren políticas públicas que, por su naturaleza, demandan un amplio consenso social y político.

A partir de la experiencia de los terremotos del 24 de junio de 2026, algunas de las principales recomendaciones pueden centrarse en:

1. Establecer un Sistema Nacional de Alerta Temprana y Preparación Comunitaria

Desarrollar e implementar un sistema nacional de alerta temprana que no solo emita señales de advertencia, sino que esté acompañado de un programa permanente de educación y simulacros en todos los niveles: escuelas, comunidades y empresas.

Este sistema debe incluir la identificación de zonas seguras y rutas de evacuación claras, de manera que la población conozca cómo actuar antes, durante y después de un evento adverso.

2. Fortalecer y profesionalizar los cuerpos de rescate y Protección Civil

Crear programas de fortalecimiento institucional para Protección Civil y los cuerpos de bomberos, que permitan mejorar sus capacidades de respuesta, equipamiento, formación y coordinación ante emergencias.

3. Crear un Fondo Nacional para la Gestión de Riesgos con participación público-privada

Es necesario construir un fondo que permita gestionar y garantizar recursos para responder ante emergencias. Los recursos provenientes de la comunidad internacional pueden contribuir a su conformación y servir como base para un mecanismo financiero permanente para la gestión de riesgos.

4. Implementar un Sistema Nacional de Información y Cartografía de Riesgos

Desarrollar y mantener un Sistema Nacional de Información Geográfica de Riesgos, de acceso público, que integre datos geológicos, hidrológicos, de infraestructura y de asentamientos humanos.

Este sistema serviría como base para la planificación urbana, la regulación de las construcciones y la definición de zonas de evacuación.

5. Establecer un Pacto Nacional para la Recuperación y la Resiliencia

Establecer las bases para la recuperación y reconstrucción con una visión de futuro. Este pacto debería definir objetivos claros y medibles para los próximos 5 a 10 años en materia de vivienda, infraestructura, salud y reactivación económica de las zonas afectadas.

También debería incorporar el principio de “construir mejor”, de manera que las nuevas obras no solo restituyan lo perdido, sino que sean más seguras y resilientes frente a futuros eventos.

«La reconstrucción no debe consistir en volver a construir lo mismo, sino en construir un país más preparado para el próximo desastre.»


De la solidaridad a la preparación

La respuesta internacional tras los terremotos del 24 de junio demostró la capacidad de las naciones y organizaciones para movilizar recursos, conocimiento y personas ante una emergencia de gran magnitud.

Pero la solidaridad internacional no puede sustituir la capacidad institucional de un país para prevenir, responder y recuperarse ante los desastres.

El aprendizaje más importante de esta emergencia debe ser la oportunidad de transformar la ayuda recibida en capacidades permanentes: mejores sistemas de alerta, cuerpos de rescate fortalecidos, información accesible, recursos disponibles y comunidades preparadas.

La recuperación de Venezuela no será únicamente una tarea de reconstrucción física. Será también una oportunidad para construir un sistema de gestión de riesgos más coordinado, profesional y resiliente.

«La mejor respuesta ante el próximo desastre comienza con las decisiones que tomamos después del último.»


Referencias

ONU. (2026, 8 de julio). Venezuela: la ONU llama a transformar la solidaridad internacional en ayuda sostenida tras los terremotos. Visto el 24/08/26 en: https://news.un.org/es/story/2026/07/1541656

SWI. (2026, 25 de junio). Países de todo el mundo ofrecen ayuda a Venezuela tras los mortíferos terremotos. Visto el 24/08/26 en: https://www.swissinfo.ch/spa/pa%C3%ADses-de-todo-el-mundo-ofrecen-ayuda-a-venezuela-tras-los-mort%C3%ADferos-terremotos/91646660

BBC Mundo. (2026, 25 de junio). Un “esfuerzo colectivo masivo”: la ayuda internacional que ha llegado a Venezuela tras los devastadores terremotos. Visto el 24/08/26 en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c70yj62krleo

María Fátima Pinho-De Oliveira
María Fátima Pinho-De Oliveira
Profesora Titular de la Universidad Simón Bolívar. Investigador asociado a la Unidad de Políticas Públicas de la Universidad Simón Bolívar. Abogado de la Universidad Santa María, Especialista y Magister en derecho y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela, y candidata a Doctora en Ciencia Política de la Universidad Simón Bolívar.