¿Es la rendición de cuentas una oportunidad para trazar rutas hacia el desarrollo?
Samuel Scarpato
Investigador asociado a la Unidad de Políticas Públicas de la Universidad Simón Bolívar.
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Imagen: Reuters
Junto al dolor y la devastación, las tragedias también dejan grandes oportunidades de crecimiento a través de nuevas y mejores formas de afrontar los desafíos de atender la emergencia, con el afianzamiento de la innovación y mejores perspectivas.
Una de estas ventanas de oportunidad se refiere a la rendición de cuentas, herramienta que en años recientes se ha convertido en una forma de marcar el rumbo estratégico en el crecimiento de organizaciones y de naciones enteras.
Ante todo, debemos desmitificar la rendición de cuentas como la limitada forma de publicar la ejecución de fondos públicos o privados con el fin de transparentar el rendimiento de la inversión por medio de indicadores de gestión presupuestaria que contrastan los números planificados frente a los ejecutados, proyectando como un éxito el haber logrado más resultados materiales con la misma cantidad de dinero.
La mera función de “resistir una auditoría” ha cambiado por completo en el panorama internacional.
Ya no es suficiente transparentar la ejecución de fondos públicos, junto a la declaración de trazabilidad y legitimidad de los recursos empleados, incluyendo la calidad de insumos, así como la responsabilidad y capacidad de los proveedores y contratistas.
Ahora debemos incluir el análisis del impacto de la inversión por medio de indicadores de resultados, aparte de los tradicionales indicadores de desempeño, para poder cumplir con los requisitos exigidos por diversos entes multilaterales y, en ciertos casos, de fondos de ayuda humanitaria.
El análisis de impactos y resultados va más allá de la elaboración y presentación del estudio de impacto ambiental y sociocultural que acompaña a todo proyecto antes de ser ejecutada la correspondiente obra, tal como establece la norma venezolana desde 1997, con rango constitucional desde 1999.
Es parte esencial de la información financiera y no financiera dentro de los informes de rendición de cuentas, cuya expresión gráfica y matemática más pragmática se hace por medio de indicadores clave de resultados (KRI, por sus siglas en inglés).
Muchos fondos de ayuda humanitaria, así como la asistencia técnica y financiera del sistema de las Naciones Unidas y absolutamente todos los entes multilaterales de carácter financiero —Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), entre otros— exigen hoy la declaración de impactos y resultados auditados, tanto prospectados como aquellos cumplidos, con la debida trazabilidad en el flujo de causalidad de dichos impactos —secuencia de factores en la posible afectación al territorio, a la economía y a la sociedad en general—.
«Rendir cuentas ya no significa únicamente demostrar dónde se gastó el dinero, sino demostrar qué cambió gracias a esa inversión.»
Una oportunidad para el crecimiento
Este es el deber formal que diferencia a los países con mayor o menor índice de transparencia, de riesgo país y de atractivo a las inversiones extranjeras.
La rendición de cuentas estratégica incluye el compromiso suscrito sobre variables como:
- Afectación del territorio y el paisaje
- Afectación a la biodiversidad
- Inclusión, acceso y uso de servicios básicos
- Emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero (GEI)
- Superación de la pobreza
- Seguridad alimentaria
- Implementación de sistemas de gestión de riesgos
- Mitigación del riesgo climático y de desastres
En muchos casos, los compromisos van alineados de manera pragmática al cumplimiento de muchas de las 169 metas derivadas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con la correspondiente actualización o ampliación que hace cada organismo.
Esto complementa a los tradicionales indicadores clave de desempeño (KPI), que van en línea con el cumplimiento de metas de eficiencia a lo largo de un proceso de ejecución de cualquier proyecto.
Y es aquí donde cambia el lenguaje en la rendición de cuentas: ya no basta con demostrar el rendimiento de la inversión y, en ciertos casos, hacerse premiar por haber hecho más con menos.
Por ejemplo, haber logrado construir y entregar mayor número de soluciones habitacionales, de escuelas o liceos, o de hectáreas entregadas y cultivadas por productores con anterior irregularidad en la tenencia de la tierra. Como dijimos, esto no basta.
«Hacer más con menos no necesariamente significa haber generado un mayor impacto.»
Medir el cambio, no solo la ejecución
La formulación de proyectos crediticios para los grandes entes multilaterales y la consecuente rendición de cuentas, aparte de transparentar la eficiencia en el rendimiento de la inversión, debe declarar y certificar los impactos y resultados.
Continuando el ejemplo anterior, las preguntas que debemos hacernos son otras:
- ¿Cuántas familias mejoraron la calidad de vida en términos de inclusión, escolaridad y empleo local gracias a las soluciones habitacionales construidas y entregadas?
- ¿Cuántas de estas estructuras edificadas resistieron los terremotos?
- ¿Cuánto ha disminuido la deserción escolar y los niveles de delincuencia en la zona?
- ¿Cuánto han mejorado los índices de seguridad y soberanía alimentaria?
- ¿Cómo ha mejorado la economía familiar y el empleo en la zona objeto de la entrega de títulos de tierra?
Estas preguntas permiten pasar de una visión centrada en la ejecución a una visión orientada al cambio que una inversión produce en la vida de las personas y en el territorio.
El cambio que nos ayudará a crecer
La rendición de cuentas supone la última etapa de un proceso crediticio o presupuestario. Sin embargo, su basamento o planteamiento se hace en la fase de formulación o planificación.
Es al inicio de este proceso presupuestario cuando se establecen las metas, las formas de ejecución y de medición de impactos de un proyecto. Por tanto, es el momento de concatenar los indicadores de eficiencia y de resultados con la visión de cambio o mejora estratégica que quiera darse a la región o sector sobre el cual estamos actuando o interviniendo.
Desde el momento de la declaración de intención de un proyecto de desarrollo o de inversión social, por ejemplo, establecemos por igual los indicadores que apuntan a nuestro propio progreso y a la forma en que este será medido.
Entonces, las finanzas públicas dejan de ser un mero sistema de información con el ideal de convencer a los electores con cuentas claras y números creíbles, para pasar a ser un sistema integrado de gestión y hoja de ruta que va de la mano con el análisis de políticas públicas.
Este análisis, no obstante ser un esfuerzo multidisciplinario, intersectorial y heterogéneo, debe mantener el principio de la unidad de objetivos.
«La rendición de cuentas comienza mucho antes de presentar las cuentas: comienza cuando se define qué cambio queremos producir.»
Una oportunidad para el desarrollo
En conclusión, transparentar una gestión y rendir cuentas es una gran oportunidad para plantearnos rutas coherentes hacia el desarrollo.
En el momento en que los ciudadanos hagamos conciencia de ello, la sociedad toda superará las tradicionales limitaciones de solo exigir cuentas claras y pasaremos a contribuir interdisciplinariamente a estudiar, comprender y contribuir intencionalmente a mantener este necesario sistema de transparencia y rendición de cuentas a todo nivel y para beneficio de todos.
La rendición de cuentas, entendida de esta manera, deja de ser únicamente un mecanismo de control para convertirse en una herramienta de planificación, aprendizaje y transformación.
«Rendir cuentas no es solo explicar lo que hicimos. Es demostrar el cambio que logramos.»