Retos de la vulnerabilidad social post catástrofe
Publicado por primera vez en TalCual el 12 de agosto de 2026.
Retos de la vulnerabilidad social post catástrofe
La estimación de los daños ocasionados por los terremotos del 24 de junio resulta una tarea muy compleja. Una de las limitaciones más relevantes es la escasa información de fuentes oficiales en muchas áreas de la gestión pública. Sin embargo, sin la definición de un marco de referencia es imposible empezar a identificar las políticas públicas que se deben ejecutar para atender la reconstrucción.
Marino J. González R.
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Es por ello de especial valor la publicación hace pocas semanas de la estimación de daños realizada por el Banco Mundial. Aunque este reporte, conocido también como GRADE por sus siglas en inglés, resume sólo los daños económicos directos relacionados con la afectación de edificios e infraestructura, también contiene aspectos que permiten anticipar los efectos en la vulnerabilidad social posterior a la catástrofe.
El reporte del Banco Mundial permite dimensionar no solo los daños físicos, sino también las vulnerabilidades sociales que la catástrofe puede profundizar.
De acuerdo con este reporte, el costo de los daños directos por los terremotos es de 19,6 mil millones de dólares. Los daños de edificios residenciales representan el 47% de esta cantidad, mientras que los edificios no residenciales y la infraestructura representan 26% y 27%, respectivamente.
La Guaira y el Distrito Capital fueron las áreas con mayores daños, con 47% del total. En el caso de La Guaira se estima que los daños afectaron el 17% del stock de capital. Si se considera el conjunto de La Guaira, Distrito Capital, Miranda y Carabobo, los daños ascienden al 85% del total de daños estimados.
También debe destacarse que se evidenciaron daños en 11 estados del país, y se incluyó un grupo de “otros estados”. Puede decirse que la catástrofe fue verdaderamente de magnitud nacional. Los sectores de educación y salud resultaron con impactos significativos.
Una reconstrucción que puede durar una década
El reporte es bastante enfático al señalar que, si la inversión pública y privada se mantienen en los niveles actuales, completar la reconstrucción se puede prolongar por 10 años.
La actividad productiva, el PIB y el consumo se mantendrían por debajo de lo proyectado al menos hasta 2036. Obviamente, enfrentar las exigencias de la reconstrucción supone entonces un cambio profundo en el patrón de inversiones del país.
Se indica también claramente que los recursos requeridos para el programa que financie la reconstrucción pueden aumentar el déficit fiscal en 3,7% y 2,8% en 2026 y 2027, respectivamente. El aumento de la razón PIB/deuda externa sería 8,1% para 2036.
La reconstrucción no será solamente un desafío de infraestructura: también tendrá consecuencias profundas sobre las finanzas públicas, la actividad económica y el bienestar de los hogares.
Tal es la dimensión prevista de algunos de los efectos macroeconómicos de la reconstrucción.
La vulnerabilidad social antes y después del terremoto
Aunque este reporte se concentra en los daños físicos, tiene la virtud de señalar los probables efectos en la vulnerabilidad social. Esto es de especial relevancia dada la urgencia con la que se deberían implementar las medidas para la atención de estos efectos.
Se destaca, en primer lugar, las vulnerabilidades preexistentes especialmente en los estados más afectados. Estas restricciones se expresan con mayor rigor en el acceso a servicios básicos.
De acuerdo con los supuestos de la estimación, los efectos de los terremotos afectan de manera desproporcionada a los hogares en situación de vulnerabilidad previa. Los terremotos ocasionan que estos hogares deban utilizar recursos para reparar los bienes dañados, por una parte, pero además son afectados por la reducción de ingresos debido a la pérdida de empleos o de bienes para producir.
Las pérdidas en el consumo pueden estar concentradas en los hogares con mayores necesidades de cuidado, dependencia, limitaciones de salud o trabajos informales.
El terremoto no afecta a todos los hogares de la misma manera. Quienes ya eran vulnerables pueden quedar atrapados en una espiral de pérdidas, menores ingresos y mayor necesidad de asistencia.
Una emergencia humanitaria que ya existía
Las consecuencias de estas estimaciones son severas. Se debe recordar que Venezuela tiene más de diez años en situación de emergencia humanitaria compleja. La atención de esta emergencia previa a los terremotos no era completa. Todo lo contrario, apenas una fracción de la población necesitada recibe apoyo con alimentos, por citar sólo un aspecto de la emergencia.
Las demandas de atención aumentadas por los terremotos significan en la práctica un aumento significativo de los recursos requeridos.
Esta situación se agrava por la ausencia de programas públicos que permitan discriminar los dos tipos de beneficiarios: los que se encontraban en emergencia humanitaria compleja y los que han sido afectados por los terremotos.
La ausencia de mecanismos de identificación de necesidades hace imposible adjudicar los beneficios de manera directa y efectiva.
Sin mecanismos para identificar las necesidades, la respuesta puede terminar profundizando una emergencia que ya existía antes de los terremotos.
En la práctica lo que se está produciendo ya es una profundización de la emergencia humanitaria compleja, en un escenario de serias restricciones para atender esta población.
El reto de identificar las nuevas necesidades
Tomando en cuenta que una estimación más precisa de las necesidades surgidas después de los terremotos puede llevar varias semanas más, es bastante claro que al final las posibilidades de atención efectiva deberán partir del reconocimiento de la brecha previa.
En otras palabras, los retos de la política social de los próximos meses —o años— son monumentales.
La reconstrucción no puede limitarse a reparar edificios. También debe evitar que los hogares más vulnerables queden todavía más atrás.
Esperemos que estas evidencias surjan de manera contundente al finalizar el reporte de la estimación de necesidades post desastre que ya está en elaboración.