Foto: Conos aluviales luego de las lluvias torrenciales de 1999.
Los terremotos de La Guaira del 24 de junio de 2026 ponen al descubierto vulnerabilidades y la necesidad de enmendarlas para reducir los riesgos
Carlos Genatios
X: @carlosgenatios
El 24 de junio de 2026 ocurrió en la zona norte-costera de Venezuela, un “doblete sísmico”, compuesto por dos terremotos principales separados por unos 38 segundos. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reportó magnitudes de momento Mw 7,2 y Mw 7,5, con profundidades de 20,3 km y 10,0 km, respectivamente. El USGS localizó el segundo terremoto a unos 17 km al oeste de Catia La Mar, en la zona usualmente identificada como el Litoral Central, en el estado La Guaira (Fig. 1)
Como antecedente histórico de rupturas sísmicas múltiples en Venezuela se cita el terremoto de 1812.
Fig.1 Localización de los sismos e impacto (crédito USGS)
Como consecuencias, los reportes del gobierno venezolano mencionan 6.509 fallecidos, 189 edificaciones colapsadas totalmente, 158 de ellas en La Guaira (Fig. 2). También reportan 60.785 inmuebles residenciales inspeccionados, de los cuales 35.545 fueron clasificados como habitables, 14.239 con acceso restringido y 11.001 en alto riesgo.
Asimismo, el gobierno reporta 3 millones de toneladas de escombros, aunque la cifra presentada por el PNUD es de 1.9 millones.
Distintas inspecciones indican que buena parte de los colapsos correspondieron a edificios de mediana altura, entre 4 y 15 pisos. También se observaron colapsos parciales y fallas severas en estructuras de una y dos plantas. Esta evidencia confirma la diversidad de tipologías afectadas y la necesidad de una base de datos de daños con criterios completos para poder hacer un análisis profundo del desastre, que lamentablemente no se preparó.
Fig 2: Efectos de los terremotos (credit US DoW – non endorsed)
La proximidad de la zona afectada a la fuente sísmica constituye un elemento central de los daños. La traza de la falla se hizo visible en las pistas del aeropuerto de Maiquetía y señala la posible presencia de pulsos de velocidad y efectos de directividad.
Este tipo de movimiento puede concentrar demanda en intervalos de tiempo reducidos y afectar especialmente estructuras cuyos periodos se aproximan al contenido dominante del movimiento.
La ausencia de registros acelerográficos instrumentales locales, debido a la actual situación de deterioro de la red sismológica, llevó a realizar simulaciones y acelerogramas sintéticos en las zonas de mayor afectación, que muestran pulsos de velocidad asociados a directividad, demandas elevadas en periodos intermedios y largos y amplificación local en depósitos aluviales.
Las condiciones locales del suelo constituyen otro componente decisivo. Estudios geofísicos previos reportan profundidades máximas del basamento en varios de los conos aluviales costeros donde se produjeron los mayores daños, del orden de 180 m, 290 m, y hasta 450 m; además, los periodos fundamentales de vibración del suelo en los conos aluviales se ubican generalmente entre 0,9 y 1,8 s.
En estas zonas los efectos de sitio pueden amplificar y prolongar el movimiento, con especial relevancia para edificios de mediana altura. Estas observaciones pueden vincularse con los antecedentes clásicos sobre la influencia de las condiciones de suelo en la distribución del daño durante el sismo de Caracas de 1967.
En el Litoral, la presencia de suelos sueltos, arenas saturadas y niveles freáticos altos incrementó la susceptibilidad a licuación y desplazamiento lateral del terreno (Figs. 3 y 4).
Fig. 3: Rompeolas de la Guardia Costera en La Guaira. Grietas asociadas al desplazamiento lateral del terreno (lateral spread) (foto de Marianela Lafuente).
Fig. 4: Licuación y deformación del terreno. (foto de Marianela Lafuente)
La demanda sísmica explica la intensidad de la solicitación, pero no explica por sí sola la distribución del daño. Las observaciones muestran vulnerabilidades acumuladas durante décadas: edificaciones anteriores a normas modernas, materiales de calidad variable, corrosión del acero en ambientes costeros y urbanos, columnas cortas, discontinuidades de rigidez, interacción no prevista de tabiquería, piso blando, deficiencias de confinamiento, corrosión, interacción inadecuada entre mampostería y estructura, además de problemas asociados al terreno.
La demanda sísmica explica la intensidad de la solicitación, pero no explica por sí sola la distribución del daño.
Daños especialmente severos se consiguieron en dos grandes conjuntos residenciales con numerosos edificios idénticos y repetitivos: el urbanismo Hugo Chávez (Fig. 5) y las edificaciones de la OPPPE.
Fig 5: Urbanismo Hugo Chávez
El estado La Guaira constituye un territorio singular del litoral central venezolano. Su configuración geográfica está determinada por su localización entre la Cordillera de la Costa y el mar Caribe, con una franja urbana estrecha, de unos dos kilómetros, donde se concentran poblaciones, infraestructura estratégica, actividad portuaria, aeroportuaria y turística.
Muchas de las áreas planas ocupadas no corresponden a superficies geológicamente estables, sino a depósitos de sedimentos acumulados durante miles de años por ríos, quebradas y antiguos procesos torrenciales. Estos depósitos forman conos aluviales que, aunque aparentemente favorecen la ocupación urbana, mantienen una relación directa con las amenazas naturales del territorio (Figs. 6 y 7).
Fig 6: Cuencas afectadas por los aludes torrenciales de 1999
Esta condición quedó evidenciada durante el desastre hidrometeorológico de diciembre de 1999. Las lluvias extraordinarias saturaron las cuencas de la Cordillera de la Costa, generaron deslizamientos y transformaron las quebradas en flujos torrenciales capaces de transportar grandes volúmenes de sedimentos y bloques de roca.
Los materiales se depositaron sobre los cauces y conos de deyección, alcanzando espesores superiores a ocho metros en algunos sectores y modificando incluso la línea costera (fig. 7). Se estima que en esa oportunidad fueron movilizados más de 20 millones de metros cúbicos de sedimentos.
El desastre dejó aproximadamente 240.000 personas afectadas, unas 100.000 evacuadas, cerca de 8.000 viviendas destruidas y daños severos en vialidad, servicios, puerto y aeropuerto.
La experiencia de 1999 mostró que el problema fundamental no era solamente la ocurrencia de un fenómeno extremo, sino la exposición creciente de población e infraestructura sobre terrenos formados precisamente por los procesos naturales que generan riesgo. Esa misma relación entre territorio y amenaza volvió a manifestarse con el terremoto del 24 de junio de 2026.
Fig. 7: Conos aluviales luego de las lluvias torrenciales de 1999.
La recuperación y la necesidad de planificar
El proceso de recuperación luego de los terremotos del 24 de junio ha incluido la atención de la emergencia en la recuperación, la localización de los damnificados en refugios y la evaluación de estructuras.
En la actualidad se prepara una norma sismorresistente provisional y se organizan comisiones de ingenieros y arquitectos para los procesos de reparación.
No se cuenta con planes de ordenamiento territorial ni estudios de microzonificación en La Guaira, los cuales son absolutamente necesarios para emprender desarrollos habitacionales.
Es fundamental que se entienda que el territorio de La Guaira (que preferimos seguir llamando Vargas) es un territorio de alta exposición a las amenazas naturales, lo cual impone restricciones al uso de la tierra y a la definición de un complejo programa de planificación urbana, que considere las características de las cuencas, la estabilidad de las laderas de las montañas, la microzonificación y las características de los suelos, además de un complejo conjunto de elementos asociados a su vocación, actividades económicas, históricas , culturales y ambientales.
El terremoto de 2026 no representa solamente una emergencia estructural; constituye una advertencia sobre la relación entre territorio, memoria histórica, fortalecimiento institucional y planificación.
La reconstrucción de La Guaira debe partir del reconocimiento de sus amenazas naturales y convertir las lecciones de 1999 y 2026 en una estrategia permanente de reducción del riesgo.
“La reconstrucción de La Guaira debe partir del reconocimiento de sus amenazas naturales y convertir las lecciones de 1999 y 2026 en una estrategia permanente de reducción del riesgo.”
La ocurrencia de los terremotos nos presenta lecciones fundamentales que deben considerarse para el futuro y la reducción de los riesgos.
Lecciones para el futuro y la reducción del riesgo
- Los terremotos fueron eventos extraordinarios, pero la magnitud de la catástrofe no puede explicarse únicamente como consecuencia de un fenómeno natural. El nivel de daños estuvo condicionado también por vulnerabilidades acumuladas durante décadas, asociadas con el ordenamiento territorial, las características de los suelos, la localización de las edificaciones, la calidad del diseño y la construcción, la inspección, el mantenimiento de las estructuras y la capacidad de las instituciones responsables de prevenir y gestionar el riesgo.
- Las condiciones geológicas y geotécnicas de La Guaira constituyen un elemento fundamental para comprender los daños. La presencia de depósitos aluviales, suelos de características variables, posibles efectos de amplificación sísmica y diferencias importantes entre terrenos próximos obliga a estudiar cada emplazamiento de manera específica. No es suficiente evaluar una edificación de forma aislada. El análisis debe considerar conjuntamente el suelo, las fundaciones y la estructura, así como la interacción dinámica entre estos componentes.
- Los proyectos y obras de ordenamiento territorial y reducción de riesgos planteados después del desastre producido por las lluvias torrenciales de 1999 fueron abandonados, modificados o quedaron inconclusos. Una de las consecuencias es que nuevas edificaciones fueron desarrolladas en un territorio cuyas amenazas naturales eran conocidas o debían ser más profundamente estudiadas, lo cual nunca se hizo a pesar de las recomendaciones emanadas de la Autoridad Única de Área del Estado Vargas (AUAEV). La reconstrucción actual no debería repetir este proceso, sino recuperar el conocimiento acumulado sobre el territorio y actualizarlo a partir de la nueva información producida a partir del estudio de los terremotos de 2026 y sus efectos.
- El comportamiento de las edificaciones afectadas, tanto públicas como privadas, debe ser objeto de investigaciones técnicas independientes y rigurosas. Las causas de un colapso no pueden establecerse únicamente mediante fotografías, observaciones superficiales o explicaciones generales relacionadas con la magnitud del terremoto. Es indispensable reconstruir los mecanismos de falla mediante ingeniería forense y determinar qué papel desempeñaron el diseño, los materiales, la ejecución, las fundaciones, el suelo, el deterioro y las intervenciones posteriores.
- Las evaluaciones forenses de los materiales y de las estructuras colapsadas son esenciales. Deben incluir ensayos de resistencia del concreto, características y estado del acero de refuerzo, cuantías y disposición de armaduras, espaciamiento y configuración de estribos, anclajes, conexiones, juntas, corrosión, deterioro, calidad de ejecución y correspondencia entre lo efectivamente construido y lo establecido en los proyectos originales.
- Estas investigaciones deben extenderse a los cálculos estructurales, las memorias de diseño, los planos y los estudios geotécnicos. Para comprender por qué una edificación falló es necesario conocer las hipótesis utilizadas en su diseño, los espectros sísmicos adoptados, las cargas consideradas, los modelos estructurales, los criterios de ductilidad, las características de las fundaciones y la información geotécnica empleada para definirlas. Solo mediante la comparación entre lo proyectado, lo construido y el comportamiento real puede establecerse técnicamente el origen de los daños.
- La publicación y el acceso a esta información son fundamentales. Los estudios de suelo, memorias de cálculo, planos, especificaciones, registros de inspección y resultados de las investigaciones forenses deberían ponerse a disposición de la comunidad académica y profesional. La transparencia permite contrastar hipótesis, identificar patrones comunes de falla, corregir errores y transformar la experiencia del desastre en conocimiento útil para el futuro.
- Las investigaciones forenses permiten establecer responsabilidades, pero su importancia va mucho más allá del ámbito legal. Determinar si existieron errores de diseño, deficiencias constructivas, fallas de supervisión, problemas de materiales, decisiones inadecuadas de emplazamiento o modificaciones posteriores es necesario para establecer las responsabilidades técnicas, administrativas, civiles o, eventualmente, penales que correspondan. Sin embargo, su objetivo más trascendente debe ser comprender por qué ocurrieron las fallas para impedir que vuelvan a producirse.
- Los terremotos del 24 de junio constituyen, desafortunadamente, un inmenso laboratorio para la ingeniería estructural, la sismología, la geología, la geofísica y la gestión de riesgos. La existencia de miles de edificaciones sometidas a movimientos intensos, con diferentes edades, alturas, tipologías estructurales, sistemas de fundación, condiciones de mantenimiento y características de suelo, ofrece una oportunidad excepcional para estudiar el comportamiento real de las estructuras frente a una solicitación sísmica extrema.
- El conocimiento obtenido de este “laboratorio” puede contribuir directamente a mejorar las normas venezolanas. El análisis de los daños puede permitir revisar espectros de diseño, criterios de microzonificación sísmica, disposiciones para el detallado de estructuras de concreto y acero, requisitos geotécnicos, criterios de ductilidad y procedimientos de evaluación de edificaciones existentes. Históricamente, buena parte de los avances de la ingeniería sismorresistente en el mundo se han producido precisamente después del estudio detallado de terremotos destructivos.
- La experiencia también debe utilizarse para desarrollar mejores parámetros de control de la construcción. Las investigaciones pueden identificar qué aspectos del diseño y de la ejecución requieren una vigilancia más estricta, qué ensayos deberían ser obligatorios, cuáles detalles constructivos presentan mayor vulnerabilidad y qué mecanismos de inspección y control independiente deberían incorporarse durante la construcción. Esto es especialmente importante en programas de vivienda masiva y en edificaciones de alta densidad.
- La remoción y demolición de estructuras han debido realizarse bajo protocolos de preservación de evidencia. Antes de retirar definitivamente los restos de una edificación colapsada deberían efectuarse levantamientos detallados, fotografías, escaneos, identificación de elementos, toma de muestras y preservación de componentes representativos. La urgencia de limpiar las zonas afectadas y reducir los riesgos para la población no debería impedir que se documente adecuadamente aquello que puede ser decisivo para comprender las causas del desastre.
- La realización de estudios de microzonificación sísmica en La Guaira es una necesidad urgente e impostergable. La experiencia reciente ha demostrado que el comportamiento de las edificaciones puede variar significativamente en distancias muy cortas debido a diferencias en el espesor y las características de los sedimentos, la respuesta dinámica de los suelos, la cercanía de fallas, la susceptibilidad de licuación y las condiciones locales de amplificación sísmica.
- Por ello, no es suficiente aplicar criterios generales a escala municipal. Es necesario identificar, sector por sector, cuáles áreas son aptas para reconstruir, cuáles requieren restricciones especiales y cuáles no deben volver a destinarse a usos residenciales. Esta información debe convertirse en la base técnica obligatoria para cualquier decisión de reconstrucción, planificación urbana, diseño estructural y ocupación futura del territorio.
- Es necesario retomar y actualizar los planes de ordenamiento territorial como instrumento rector para el uso adecuado del suelo. La reconstrucción no puede responder únicamente a la disponibilidad inmediata de terrenos o a decisiones aisladas de vivienda e infraestructura. Debe apoyarse en una visión integral que considere amenazas naturales, condiciones geotécnicas, densidades admisibles, movilidad, servicios, protección ambiental y áreas estratégicas para el desarrollo económico.
- La microzonificación y los mapas de riesgo hídrico deben aportar la base científica y los planes de ordenamiento territorial deben traducir ese conocimiento en reglas claras y vinculantes sobre dónde, cómo y para qué puede utilizarse cada porción del territorio.
- El deterioro de las capacidades técnicas y científicas del país agrava esta situación. Las limitaciones de la red sismológica, la insuficiencia de registros instrumentales, la pérdida de profesionales especializados y el debilitamiento de organismos técnicos reducen la información disponible precisamente en el momento en que más se necesita. Recuperar y fortalecer estas capacidades debería formar parte integral de la reconstrucción.
- La reconstrucción no debe entenderse simplemente como la sustitución rápida de los edificios destruidos. Debe ser un proceso de aprendizaje que incorpore las lecciones obtenidas de los colapsos, revise los criterios de localización, mejore las normas de diseño, fortalezca los controles de calidad, recupere las capacidades técnicas de las instituciones y establezca sistemas permanentes de inspección, mantenimiento y prevención.
- Una de las consecuencias más graves de no realizar investigaciones forenses completas, independientes y transparentes es que el país pueda reconstruir sin haber comprendido plenamente por qué fallaron determinadas estructuras. Esto significaría perder no solo la posibilidad de establecer responsabilidades cuando corresponda, sino también la pérdida de un conocimiento que podría contribuir directamente a evitar nuevas pérdidas humanas.
- Cada edificio colapsado o severamente afectado constituye una fuente de información sobre materiales, estructuras, suelos, diseño, construcción y mantenimiento. Documentar, estudiar y compartir esa información representa una responsabilidad frente a las víctimas y, al mismo tiempo, una inversión en la seguridad futura del país. Pero ya se están eliminando los escombros y esos estudios no se realizaron.
- A partir de la Norma COVENIN 1756-1:2019, resulta necesario emprender una revisión técnica que incorpore las lecciones derivadas de los terremotos de 2026. La magnitud de los daños observados, particularmente en el Litoral Central, evidencia la conveniencia de evaluar aspectos que la normativa vigente trata de manera limitada o no contempla explícitamente, como los efectos de campo cercano, los pulsos de velocidad y la directividad, la amplificación asociada a depósitos profundos de sedimentos, la interacción suelo-estructura, el comportamiento de la mampostería de relleno y otros elementos no estructurales, así como los mecanismos de falla observados en edificaciones de distintas tipologías.
- El estudio sistemático y forense de estas experiencias debe servir de base para actualizar los criterios de diseño, detallado, evaluación y rehabilitación sísmica, de modo que la normativa venezolana incorpore el conocimiento generado por este evento excepcional.
- Por último, es urgente recuperar la red sismológica; otras partes del país se encuentran en zonas de alta amenaza sísmica, son un riesgo incrementado por los lapsos de tiempo transcurridos luego de la ocurrencia de los últimos terremotos importantes; esto incluye particularmente la zona del oriente del país, alrededor de la península de Paria, así como los Andes por la presencia de la falla de Boconó.