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La Guaira: la reconstrucción de un territorio altamente vulnerable

La Guaira: la reconstrucción de un territorio altamente vulnerable

El deslave de 1999 y el sismo del 24 de junio de 2026 tuvieron orígenes distintos, pero causaron daños de magnitud comparable. La experiencia de 1999, sin embargo, no se tradujo en una reducción suficiente del riesgo frente al nuevo desastre.

En ambos casos, los daños fueron resultado de la combinación de condiciones naturales y factores asociados a la ocupación y gestión del territorio.

Entre estos factores destacan el incumplimiento del Plan de Ordenación del Territorio y del Reglamento de Uso, la ejecución de proyectos sin los permisos correspondientes, deficiencias en los materiales y la falta de inspección durante la construcción.


Autores:

Pedro García Montero

Aníbal Rosales Hernández

Ingeniero Agrónomo, UCV 1975. MSc. en Ciencias del Suelo 1984. University of Florida, USA. 50 años de experiencia en temas ambientales relacionados con Inventario de Recursos Naturales, Planificación Ambiental, Ordenación del Territorio y Gestión de Cuencas Hidrográficas, Estudios de Impacto Ambiental.

Ocupó cargos directivos en el MARNR durante el periodo 1989-2004. Consultor Senior y Consultor Externo del BID. Profesor de postgrado en la Facultad de Agronomía de la UCV.

Instagram:  @pedrogarcia9905

Es miembro del Grupo Orinoco y profesor jubilado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela. Se graduó como ingeniero agrónomo en la UCV y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Cornell, Estados Unidos.

Se desempeñó como Director General de las Direcciones Generales Sectoriales de Información e Investigación, y de Relaciones Internacionales y Desarrollo Profesional del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Ha sido consultor ambiental en las empresas privadas Ecology and Environment e Ingeniería Caura.


A ello se suma el incumplimiento de las normas sismorresistentes, asociado a una supervisión insuficiente y, eventualmente, a prácticas de corrupción.

También se ha producido un progresivo debilitamiento de las instituciones creadas después de 1999 para gestionar el riesgo y conducir la reconstrucción.

«La vulnerabilidad de La Guaira no es solo natural: también es el resultado de cómo hemos ocupado y gestionado el territorio.»


Vulnerabilidad territorial de La Guaira

La Guaira ocupa una estrecha franja costera frente al mar Caribe, limitada al sur por la vertiente norte de la Cordillera de la Costa. El territorio se extiende desde Los Caracas, al este, hasta Arrecifes, al oeste.

En distancias horizontales muy cortas, el relieve pasa desde el nivel del mar hasta cotas superiores a los 2.500–2.700 metros sobre el nivel del mar.

Esta configuración genera pendientes muy pronunciadas y cuencas hidrográficas de pequeña extensión. Sus tiempos de concentración pueden ser de apenas minutos a pocas horas.

Durante lluvias intensas, el agua puede transformarse rápidamente en escorrentías de gran velocidad, capaces de transportar bloques, gravas y sedimentos.

Estos procesos generan erosión, socavación, flujos torrenciales y movimientos de masas.

Una parte importante de la ocupación urbana se encuentra precisamente sobre los abanicos aluviales y depósitos generados históricamente por estos procesos.

La Guaira está expuesta, por tanto, a múltiples amenazas: movimientos de masa, erosión asociada a las fuertes pendientes y a la pérdida de vegetación, inestabilidad de laderas, efectos tectónicos y meteorización de la roca.

El terremoto de junio de 2026 añadió un nuevo factor de inestabilidad.

Las fuertes vibraciones pueden abrir o reactivar discontinuidades existentes en las laderas y reducir su estabilidad. Algunos de estos procesos pueden incluso manifestarse posteriormente, especialmente cuando coinciden con episodios de lluvias intensas.

En determinados depósitos aluviales recientes también se produjo licuefacción localizada, que ocasionó daños importantes en edificaciones e infraestructura.

Las pendientes de las zonas montañosas, que pueden alcanzar entre 35 % y 70 % o más, incrementan la componente gravitacional y reducen el margen de estabilidad del terreno.

A estas condiciones naturales se suma la intervención humana.

Los cortes de taludes, rellenos inestables, eliminación de vegetación, impermeabilización del suelo, modificación de cauces, sobrecarga de laderas y sistemas de drenaje deficientes amplifican la susceptibilidad del territorio.

Los ríos y torrentes de La Guaira son estrechos y de fuertes pendientes. Pueden transportar grandes bloques y aumentar rápidamente su caudal durante eventos extremos de precipitación.

El resultado son flujos capaces de generar daños importantes en muy poco tiempo.

«El riesgo no está solamente en la amenaza natural, sino en la forma en que el territorio ha sido ocupado.»

Por ello, el riesgo en La Guaira debe entenderse como el resultado de la interacción entre las amenazas naturales y la forma en que se ha ocupado y transformado el territorio.

Expertos han señalado que el terremoto de junio de 2026 produjo desplazamientos horizontales de superficies emergidas y sumergidas.

También han advertido que los desplazamientos verticales de bloques próximos a la costa pueden generar tsunamis, fenómenos que, dependiendo de sus características, pueden resultar devastadores.

La ubicación de La Guaira frente al mar y al pie de una cordillera hace que esta exposición deba ser incorporada de manera explícita a cualquier estrategia de reconstrucción.


La integración de la infraestructura gris/verde como opción para la reconstrucción de La Guaira

La infraestructura verde puede desempeñar un papel fundamental en la rehabilitación del territorio y en la mitigación de los efectos geomorfológicos e hidrológicos indirectos asociados al terremoto.

También puede contribuir a acelerar la recuperación territorial y social.

En un territorio con pendientes pronunciadas, fragilidad geológica, alta urbanización y exposición costera, las soluciones basadas en la naturaleza pueden reducir el riesgo, recuperar servicios ecosistémicos y mejorar la calidad ambiental y de vida.

Esto no significa sustituir la infraestructura gris.

Viviendas, puentes, carreteras y redes de servicios seguirán siendo indispensables. La prioridad debe ser integrarlas con soluciones naturales para construir una infraestructura híbrida.

Entre las prioridades deberían encontrarse la estabilización ecológica de laderas, la reducción de la erosión y la escorrentía, la recuperación de la cobertura vegetal y la estabilización de cauces y torrentes.

También resulta fundamental recuperar las microcuencas, proteger la infraestructura reconstruida y reducir las inundaciones urbanas mediante infraestructura verde.

En la costa, la restauración de ecosistemas puede contribuir a amortiguar los efectos del oleaje, las marejadas y la erosión costera.

Estas intervenciones pueden, además, contribuir a la adaptación al cambio climático y a la creación de espacios públicos más seguros y saludables.

En el contexto sísmico, la infraestructura verde no reduce el movimiento del suelo producido por un terremoto.

Su función es limitar algunos de sus impactos secundarios, generar espacios útiles durante las emergencias y contribuir a acelerar la recuperación territorial y social.

«La infraestructura verde no sustituye a la infraestructura gris: ambas deben funcionar como un solo sistema de resiliencia.»

Por ello, la infraestructura verde debe incorporarse desde el inicio de la reconstrucción y articularse con las normas sismorresistentes, la microzonificación sísmica, la planificación territorial, la gestión integrada de cuencas y la reducción del riesgo de desastres.

En un eventual Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia Post-Sismo 2026–2030, esta estrategia podría constituirse en uno de sus ejes estructurales, aprovechando su potencial de ejecución relativamente rápida, su relación beneficio-costo y las posibilidades de financiamiento vinculadas con la adaptación climática y la restauración de ecosistemas.


Políticas públicas para la reconstrucción de La Guaira

La reconstrucción debe entenderse como un proceso de reconstrucción territorial integral, orientado hacia la resiliencia urbana y el desarrollo sostenible, y no como un programa convencional de reparación de daños.

Entre las prioridades deberían estar la planificación del uso del suelo basada en el riesgo, la construcción de viviendas seguras y el reasentamiento cuando sea necesario.

También deben incluirse la recuperación de infraestructura crítica, la reactivación económica y la generación de empleo, el uso y conservación de infraestructura verde y la gestión integrada de cuencas hidrográficas.

A estas medidas deben sumarse la gobernanza territorial, la protección social y recuperación comunitaria, la reconstrucción del patrimonio cultural, el turismo sostenible, los sistemas de información y alerta temprana y mecanismos adecuados de financiamiento.

Todo ello debe incorporar criterios de adaptación al cambio climático.

«La reconstrucción no debe devolver a La Guaira al estado anterior al desastre: debe reducir el riesgo futuro.»

El objetivo no debe ser recuperar las condiciones existentes antes del terremoto, sino aprovechar la reconstrucción para reducir de manera permanente la vulnerabilidad.

En La Guaira, donde el territorio montañoso domina la dinámica de las aguas y los sedimentos, la gestión de las cuencas debe convertirse en una política permanente.

La reconstrucción debe comenzar en las montañas y terminar en el mar.

El proceso también debe considerar los sistemas económicos que sostienen al territorio: el comercio, el empleo, el turismo, las playas, los hoteles y posadas, el patrimonio histórico y cultural y la infraestructura pesquera.

Una herramienta concreta podría ser un Programa de Empleo para la Reconstrucción, que priorice a la población local en actividades de construcción, rehabilitación ambiental, mantenimiento de cauces y recuperación de espacios públicos y áreas verdes.

La educación y la salud, por su parte, deben considerarse infraestructura crítica y resiliente.

La planificación debe prepararse no solo para futuros terremotos, sino también para eventos de lluvia extrema, deslizamientos, sequías e inundaciones, erosión costera, aumento del nivel del mar e islas de calor urbanas.

La Guaira debe entenderse como un sistema territorial continuo: el Ávila, las cuencas, los ríos y torrentes, los abanicos aluviales, las áreas urbanas, la infraestructura crítica, la costa y el mar forman parte de una misma unidad.

Cada uno de estos componentes requiere políticas diferenciadas de ocupación, protección, mitigación y reconstrucción.

Las obras de control de sedimentos, muchas de ellas actualmente abandonadas, deben recibir especial atención. Su recuperación y mantenimiento son fundamentales para reducir el riesgo asociado a futuros eventos extremos.

La reconstrucción debe crear un territorio más seguro, sostenible, sísmica y ambientalmente resiliente, económicamente productivo y socialmente inclusivo.


Modelo de institucionalidad para la reconstrucción y resiliencia

Uno de los principales problemas identificados es la ausencia de una capacidad institucional efectiva para conducir el proceso de reconstrucción y reducción del riesgo.

Por ello, la construcción de una nueva institucionalidad puede ser una de las decisiones de política pública más importantes.

Una alternativa sería evaluar la reactivación y redimensionamiento de la Autoridad de Área prevista en el Decreto del Plan de Ordenación y Reglamento de Uso.

Esta estructura podría transformarse en una Agencia de Reconstrucción y Resiliencia de La Guaira, dotada de autonomía técnica y financiera.

Su funcionamiento debería integrar al Gobierno nacional, el gobierno estadal y los gobiernos municipales y locales.

También debería incorporar a las comunidades organizadas, el sector privado, las universidades, los centros científicos y la cooperación internacional.

El objetivo no sería crear una burocracia paralela permanente, sino articular las capacidades existentes bajo una estructura clara de coordinación, planificación y supervisión.

«La reconstrucción necesita instituciones capaces de sostener las obras, las políticas y la reducción del riesgo en el tiempo.»

El Estado debe mantener la responsabilidad primaria en la reducción del riesgo, compartida con los gobiernos locales, el sector privado, las comunidades y los demás actores involucrados.

Para ello, podría crearse un Sistema Institucional para la Reconstrucción y Resiliencia de La Guaira, encargado de coordinar, planificar, financiar, supervisar y evaluar el proceso.

Dentro de este sistema también podría contemplarse la recreación de la Corporación de la Reconstrucción de La Guaira.

El Plan de Ordenación del Territorio debe mantenerse como uno de los principales instrumentos para gestionar la reconstrucción.

Este documento deberá actualizarse incorporando la evaluación del riesgo sísmico y las nuevas condiciones territoriales, pero continúa siendo una pieza fundamental para orientar la ocupación del espacio.


La vocación de uso de La Guaira

La Guaira no debería entenderse como una ciudad destinada a la expansión urbana continua.

Debe concebirse como un territorio estratégico y multifuncional, donde los usos del suelo sean compatibles con los distintos niveles de riesgo y con las características físicas del territorio.

Esta visión puede organizarse alrededor de cuatro grandes componentes:

  1. Ciudad-región logística y portuaria, aprovechando su posición estratégica y su infraestructura existente.
  2. Turismo sostenible, vinculado al patrimonio natural, cultural e histórico y a las condiciones de la franja costera.
  3. Conservación ambiental, especialmente de las áreas montañosas, cuencas y ecosistemas costeros.
  4. Uso urbano restringido, condicionado por estudios geotécnicos, ambientales y de riesgo.

La infraestructura verde, la gestión de cuencas y la planificación basada en la geomorfología y el riesgo deben convertirse en elementos centrales para orientar la ocupación del territorio.

Las restricciones físicas y geomorfológicas de La Guaira hacen que la seguridad de la población y la continuidad de las funciones estratégicas deban prevalecer sobre la expansión urbana.

«El terremoto develó la vocación de La Guaira. Una lamentable lección aprendida.»

Pedro García Montero, Aníbal Rosales Hernández

Pedro García & Anibal Rosales
Pedro García & Anibal Rosales
Es miembro del Grupo Orinoco y profesor jubilado de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela. Se graduó como ingeniero agrónomo en la UCV y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Cornell, Estados Unidos. Se desempeñó como Director General de las Direcciones Generales Sectoriales de Información e Investigación, y de Relaciones Internacionales y Desarrollo Profesional del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables. Ha sido consultor ambiental en las empresas privadas Ecology and Environment e Ingeniería Caura.

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